
Un crucero abandona el puerto, se aleja progresivamente de la costa y en determinado momento, ocurre algo que para muchos pasajeros pasa inadvertido: las luces del casino se encienden, empiezan a funcionar las tragamonedas y se habilitan las mesas de blackjack, póker o ruleta.
El negocio del juego en los cruceros internacionales depende de una combinación particular de derecho marítimo, legislación nacional y jurisdicción del país cuya bandera lleva la embarcación.
Para las compañías el casino es mucho más que una atracción nocturna, forma parte de un ecosistema de consumo a bordo que puede representar alrededor de un tercio de los ingresos del negocio de cruceros.
¿Cuándo comienza realmente el “alta mar”?
Existe una idea bastante extendida de que apenas un barco entra en “aguas internacionales”, deja de estar sujeto a las leyes de los países pero…jurídicamente la situación es bastante más compleja.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que un Estado puede extender su mar territorial hasta un máximo de 12 millas náuticas, aproximadamente 22 kilómetros, medidas desde sus líneas de base. Dentro de esa franja el país costero mantiene soberanía, aunque los barcos extranjeros conservan determinados derechos de navegación. Más allá aparece la zona contigua que puede extenderse hasta las 24 millas náuticas y posteriormente la zona económica exclusiva, que puede alcanzar las 200 millas.

Por eso hablar de “aguas internacionales” como si existiera una frontera única puede resultar engañoso. En la práctica muchos cruceros habilitan sus casinos una vez que han salido del mar territorial de un país pero el momento exacto depende de la ruta, la legislación aplicable y las normas de la propia compañía, esto explica por qué un casino puede abrir durante una noche de navegación y volver a cerrar varias horas después, antes de que el crucero ingrese a las aguas territoriales del siguiente destino.
La bandera del barco importa más de lo que parece
Salir de las aguas territoriales no significa entrar en un territorio sin leyes, todo barco tiene una nacionalidad vinculada con el Estado en el que está registrado y cuya bandera está autorizado a utilizar.
La Organización Marítima Internacional recuerda que el Estado de bandera debe ejercer jurisdicción y control sobre los barcos registrados bajo su pabellón en materias administrativas, técnicas y sociales (cada país establece sus propias condiciones para registrar embarcaciones), por esta razón es común encontrar grandes cruceros registrados en países distintos de aquel donde se encuentra la sede de la compañía que los opera.

Cuando un barco se encuentra fuera del mar territorial de otro Estado la legislación de su país toma una importancia fundamental, para operar un casino la naviera debe respetar ese marco jurídico, además de las regulaciones aplicables en los destinos que visita.
El resultado es una especie de mapa legal en movimiento: un mismo salón de juego puede permanecer abierto durante una parte del recorrido y cerrado durante otra sin que el barco haya cambiado físicamente sus instalaciones.
¿Qué ocurre cuando el crucero llega a un país que prohíbe los casinos?
Aquí aparece un caso particularmente interesante para Ecuador: tras la consulta popular de mayo de 2011 se eliminó legalmente la posibilidad de operar casinos y salas de juego en el país. La Asamblea Nacional posteriormente avanzó en la derogación de las normas que permitían considerar estas actividades como servicios turísticos pero esto no significa que un crucero internacional tenga que desmontar su casino para visitar un puerto ecuatoriano, lo que sí cambia es su funcionamiento.
Las navieras adaptan la apertura de los espacios de apuestas a las restricciones de las jurisdicciones por las que navegan, lo que significa que un salón que funcionaba con normalidad durante el trayecto puede permanecer cerrado mientras el barco se encuentra en puerto o dentro de aguas donde la actividad no está permitida. Para el pasajero basta con una puerta cerrada, detrás de ella existe una coordinación constante entre navegación, normativa marítima y legislación nacional.
Un casino diseñado para que el pasajero permanezca a bordo
El atractivo comercial de estos espacios resulta fácil de entender: una vez que el crucero zarpa tiene durante varias horas a miles de pasajeros dentro de un entorno controlado. No es necesario trasladarlos hacia un casino terrestre ni convencerlos de abandonar el hotel, el cliente ya se encuentra dentro del establecimiento.
Los cruceros modernos aprovechan esta situación ofreciendo restaurantes especializados, bares, tiendas, spas, excursiones, conexiones a internet y entretenimiento de pago, el casino ocupa un lugar privilegiado dentro de esa economía interna porque puede funcionar durante largas jornadas de navegación y generar consumo durante horas en las que buena parte de los demás servicios tienen menor actividad.

Las compañías también utilizan programas de fidelización para jugadores frecuentes, promociones, créditos y beneficios asociados a futuros viajes, de esta manera el casino no solamente produce ingresos durante un crucero: también puede convertirse en una herramienta para conseguir que determinados pasajeros regresen.
¿Cuánto dinero dejan realmente los casinos?
Las grandes compañías de cruceros generalmente no publican en sus estados financieros una cifra exclusiva para las ganancias de sus casinos, lo que sí revelan es el peso de los llamados ingresos «a bordo y otros» donde se agrupan actividades como bebidas, excursiones, restaurantes especiales, tiendas, internet, spas y casinos. Carnival Corporation, uno de los mayores grupos de cruceros del mundo, informó que en 2025 el 34 % de sus ingresos del negocio de cruceros procedió de esta categoría (entre las actividades que la compañía identifica expresamente se encuentra el juego de casino).
Norwegian Cruise Line Holdings ofrece otra referencia: en 2025 registró alrededor de USD 9.828 millones de ingresos totales, de los cuales aproximadamente USD 3.140 millones correspondieron a ingresos a bordo y otros servicios, cerca del 32% (su documentación incluye las operaciones de casino dentro de esta categoría).
Claramente no es posible atribuir todo ese dinero a las apuestas pero los números dejan claro algo fundamental: vender el boleto es solamente una parte del negocio, lo más importante es conseguir que el pasajero siga gastando una vez embarcado.
Una frontera que se mueve con el barco
Los casinos de los cruceros representan un caso poco común en el mundo del juego: el establecimiento no cambia pero la legislación que determina cuándo puede operar sí puede hacerlo varias veces durante un mismo viaje.
Unas millas pueden separar una mesa de ruleta cerrada de otra plenamente operativa, para las embarcaciones esta particularidad jurídica se ha convertido en una oportunidad comercial. Los casinos complementan los ingresos del pasaje, aumentan el gasto dentro del barco y ofrecen entretenimiento durante las largas jornadas de navegación.

Para los ecuatorianos, el contraste es todavía más llamativo: una actividad que no puede operar legalmente como casino terrestre en Ecuador puede estar disponible horas después dentro del mismo crucero (una vez que el barco abandona la jurisdicción territorial correspondiente y entra en un marco legal distinto).
El casino de un crucero, por lo tanto, no está realmente fuera de la ley, su negocio funciona precisamente porque sabe en qué momento y bajo qué ley puede abrir sus puertas.
