Así era el Ecuador de los casinos legalizados

Escrito por: Antonio Caro, Editor | Revisado por: Humberto Fernández, Editor jefe
Última Actualización Sep 23, 2023

Hace ahora once años que la vida de los casinos físicos en Ecuador llegó a su fin. El 7 del mayo de 2012 una consulta popular emitida por el Gobierno sentenció el cierre de todas las salas de juego que existían por entonces en territorio tricolor. A la pregunta “¿Está usted de acuerdo que en el país se prohíban los negocios dedicados a los juegos de azar, tales como casinos y salas de juego?”, el 52% de los votantes optaron por el “sí”.

Tan cierto es que el 48% se opuso, como que entre ambas respuestas había más de 300.000 votos de diferencia. El discurso del poder acerca del peligro del vicio del juego en personas menores de edad y en situación de vulnerabilidad caló hondo en la sociedad ecuatoriana de hace una década, que también veía en el lavado de dinero una actividad ilegal vinculada al sector.

La Asociación de Casinos y Bingos trató de parar la medida a toda costa hasta el punto de llegar a pedir una prórroga de dos años que jamás se concedió. Las conversaciones fueron inútiles y aproximadamente los más de 130 casinos que Ecuador tenía abiertos hasta 2011 tuvieron que echar el cierre. La mayoría de ellos operando como salones de juego, pero al menos una cuarta parte formaban parte de hoteles de lujo, a modo de resort.

Miles de personas fueron despedidas de sus empleos, muchas de ellas concentradas en la región del Guayas y en Guayaquil en concreto, y tuvieron que ser indemnizadas por el Estado para garantizar su bienestar. Algunos de esos trabajadores precisaron de años para recibir su compensación correspondiente, al tiempo que como respuesta a la medida se erigieron hasta un centenar de nuevos casinos ilegales en los años venideros.

Hasta 180 millones de dólares invertidos por las factorías de juegos de azar se fueron al traste y cerca de una decena de millones dejó de percibir la administración de Ecuador en impuestos. Un sector que movía entre 200 y 500 millones de dólares al año quedó defenestrado, para algunos por culpa de sus propios errores y para otros por las calumnias vertidas por el Ejecutivo.

Pero aquello ya no es más que un tiempo pasado que no volverá. Y ahora que el aliento de los casinos online es tan fuerte a nivel mundial que hace dudar incluso a los más contrarios a las actividades de azar, la vuelta del juego resuena cada vez con más fuerza en el país. Por eso queremos repasar como fueron los más de 30 años de bonanza y desarrollo del mercado hasta llegar a cobrar tanta importancia en la economía de Ecuador.

Y eso solo se puede comenzando desde el principio. En la década de los sesenta, la sociedad latinoamericana se encontraba en medio de una transformación que afectaba a todo el planeta y que también hizo efecto en ella en medio de una crisis económica muy fuerte. El aumento de las exportaciones petroleras provocó que diversos sectores económicos se expandieran durante esta etapa.

Uno de esos sectores fue el de los casinos físicos, que ya venía siendo muy importante en Estados Unidos con Las Vegas como gran referente. La influencia de la ciudad del pecado se dejó notar en Quito y Guayaquil especialmente. ¿Qué tenían de particular dichos destinos? Eran el caldo de cultivo perfecto para que se instalaran nuevas cadenas hoteleras con el fin de atraer al turismo creciente. Y las salas de juego entraban dentro del pack de estos alojamientos.

A pesar de la represión que seguían ejerciendo los diferentes poderes fácticos en su lucha por el control autoritario de las instituciones públicas, los casinos calaron como forma de entretenimiento y desconexión de una realidad que seguía siendo complicada en Ecuador llegados los años 90. Más crisis financieras a las que se unían problemas sociales y culturales.

En la inestabilidad floreció un área que se asentó una vez alcanzado el siglo XXI. No hay duda de que tenía sus puntos fuertes y sus puntos flacos, pero funcionaron frente al repunte de un medio online que todavía parecía estar muy lejos de un posible auge en América Latina. No obstante, el hecho de gastar el dinero con responsabilidad allá donde cada uno prefiriera parecía seguir siendo un derecho fundamental inatacable.

Las máquinas tragamonedas siempre fueron el elemento estrella de la industria, también por su mayor presencia en el sector servicios y en especial en la hostelería. Pero tanto la ruleta, como el blackjack, el baccarat, el bingo o el poker se volvieron esenciales para los ratos libres de muchos jugadores. En algunos casos también llevando el exceso hasta el límite.

“En mi opinión habrá más turismo sin casinos que con ellos, porque Ecuador va a tener un gran prestigio internacional y apostará por vivir bien. La gente viene a hacer deporte, aventura, a conocer la selva, el Yasuní, las playas y las Islas Galápagos”, decía el ex ministro de turismo Freddy Ehlers como justificación la medida prohibitiva de los casinos en el país.

Hoy y en un futuro cercano los partidarios de Ehlers podrían dar un paso al lado comprobando la efectividad y los beneficios del turismo de casinos en otros lugares de la tierra. Pero por ahora es solo un pequeño movimiento en medio del vaticinio de otro próximo periodo de inestabilidad. Curiosamente parecido al del comienzo de los salones de juego en Ecuador.

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