Fortuna y desdicha, ambas unidas en Cynthia Jay-Brennan

Tragamonedas de casino

Ningún ser humano puede conocer lo que le depara el futuro, ya sea para bien o para mal. Es algo que ha atormentado a grandes generaciones de nuestra raza y que realmente es algo con lo que tenemos que convivir, el desconcierto. Los juegos de azar son precisamente uno de esos factores que puede cambiar la vida de cualquiera en un instante, y quizá por ello se han ganado la popularidad que tienen a día de hoy. Solo que para algunos personajes esto ha sido algo que han vivido en primera persona, a veces desafiando a la fortuna y otras veces a la desgracia.

Jugadores como Elmer Sherwin saben muy bien lo que es enfrentarse a las máquinas tragaperras y más en concreto a la máquina Megabucks. En ella se adjudicó un total de más de 25 millones de dólares en dos oportunidades, algo que le solucionó la vida para siempre. Estas máquinas son artilugios que van acumulando premios millonarios y en las que tienes que tener mucha suerte para adjudicarte el jackpot. Sin embargo, de vez en cuando pasa, y por eso los casinos más importantes de Las Vegas las incluyen siempre dentro de su catálogo de slots.

En el año 2000, de nuevo llenaron la felicidad la vida de una persona como Cynthia Jay-Brennan. Una mujer que parecía elegida para llevarse este premio debido al tipo de vida tan humilde que llevaba. Ganó en torno a 35 millones de dólares el 26 de enero de ese año y de una sola tacada. Su vida cambió para siempre y para mejor. Fue sin duda un golpe de fortuna que ansiaba desde hacía años, aunque no era precisamente una jugadora habitual. Posteriormente, la mala suerte también le acecharía para arrebatarle parte de esa gran alegría.

Hay que empezar diciendo que Cynthia pertenece a una familia muy humilde. En su infancia sus padres pasaron bastante dificultades económicas para lograr sostener un hogar en el que convivían 8 hermanos y hermanas. Detrás de la alegría que se llevaban todos los pequeños cuando recibían sus regalos en cumpleaños o navidades, se escondía la fortaleza de unos progenitores de Sacramento que en realidad estaban con el agua al cuello. Por eso cuando su hija fue consciente de la situación se puso a trabajar como camarera para poder aliviar los gastos de sus estudios de secundaria.

Poder ir a la universidad a cursar una carrera de fotografía eran incluso palabras mayores. Jay se desplazó entonces a Las Vegas con la idea de buscar un empleo que pudiera ayudarle a conseguir ese objetivo. Como camarera de cócteles en algunos de los casinos de la ciudad del pecado consiguió hacerse un hueco. El Casino de Montecarlo fue su parada principal, un salón de juegos que no debe confundirse con el clásico Casino de Montecarlo situado en el Principado de Mónaco. Nada que ver. De hecho, este bonito lugar estadounidense ahora se ha convertido en un gran resort vacacional centralizado en su casino.

Con el tiempo, las aspiraciones de Cynthia cambiaron. Gracias a su trabajo se enamoró de Terry Brennan y desarrolló un vínculo amoroso con él que querían culminar con una boda. Sin embargo, para ese objetivo necesitaban dinero y no andaban sobrados precisamente. Trabajaron todo lo que pudieron doblando turnos y al final del día Jay siempre probaba a echar unas monedas a alguna de las tragaperras del casino. En aquel enero del 2000 se acercó al Desert Inn Hotel and Casino a cenar con su novio y sus suegros. Y tras la comida decidió probar en su sala de slots.

Cynthia Jay Brennan

La americana era una de esas personas que antes de jugar establecía una estrategia muy clara, para así ser consciente de lo que iba a gastar y cómo lo iba a hacer. Puso un tope de 100 dólares y fue jugándolos en una máquina Megabucks que se encontraba en el punto más alto del jackpot que había ido acumulando. Cada giro le costaba 3 dólares, así que tampoco iba a tener tantas oportunidades. El caso es que apenas le hicieron falta seis tiradas para que los símbolos ganadores se alinearan y le proporcionaran ese premio mayor de 35 millones.

Cynthia y su familia no podían creerse lo que estaba pasando, pero rápidamente fueron felicitados por le personal del casino. Ahí ya si fueron conscientes de que sus penurias económicas habían terminado y que podrían celebrar la boda como quisieran. No obstante, esta fue bastante discreta. Consciente de como había sido su vida hasta la fecha, Jay-Brennan cubrió todas las deudas de sus allegados e incluso prestó dinero a amigos que lo necesitaban. La fortuna le había sonreído y quería compartirlo con todos, además de viajar con su esposo por el mundo, formar una familia y comprar una gran casa en la que vivir.

Pero todo se vio frustrado cuando pocos días después sufrió un accidente de coche. Viajaba con su hermana a un casino cercano a Las Vegas en el que reunirse con el resto de la familia, cuando un conductor ebrio chocó contra su vehículo. Su hermana murió en el acto y Cynthia fue trasladada de urgencia al hospital. El impacto rompió una de sus vértebras, algo que la dejó inmóvil de cintura para abajo. Nunca más podría volver a caminar y la silla de ruedas era ahora su nueva acompañante. Buena y mala suerte en cuestión de unos cuantos días.

Lo bueno es que la estadounidense se ha tomado su experiencia con filosofía y ahora ayuda a otros pacientes que no pueden pagar una silla de ruedas, además de ayudar a varias asociaciones en contra de conducir bajos los efectos del alcohol, previniendo de ello. Un ejemplo más de que la vida cambia en un solo segundo, para bien o para mal. Esa suerte que le ayudó a ser una de las ganadoras de casino más importantes de la historia le fue esquiva poco después.

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