La histórica noche de Stanley Fujitake con los dados

La historia que traemos hoy es una de esas narraciones que despertará un gesto de asombro en la mayoría de los lectores. Algo que seguro que ha ocurrido antes teniendo en cuenta todas las leyendas de las que hemos ido hablando en todo este tiempo. Leyendas de las que ha merecido la pena repasar su legado porque han cambiado la forma de entender el juego. De esos hay muchos y si hablamos del blackjack más aún. Personajes muy importantes se han dedicado a esta práctica durante toda su vida y que han intentado que el azar se interpusiera lo menos posible en sus objetivos.

Sin embargo, hoy vamos a hablar de otro tipo de héroe en otro tipo de juego. Un héroe del que podemos asegurar que la suerte le acompañaba. No solo su suerte, sino también un espíritu enfervorizado por el juego y las apuestas. Todo ello le llevó a vivir una noche histórica que estuvo relacionada con los dados, como diríamos en cualquier casino presencial o casino online, los craps. Su perseverancia le llevó a marcar un récord no reconocido dentro de la industria y a condicionar a una sala de juegos para lo que le restaba de existencia.

Y es que no se puede decir que el arte de los dados no dependa de la suerte. Es uno de los juegos en los que la banca posee más oportunidades de quedarse con el dinero de los jugadores. Una aparición de una de sus seis caras en falso y ahí surgirá la banca para retirarle su dinero. Así ocurre hasta que aparece un tipo con ángel, un tipo que lo revuelve todo y que hace que la gente no se quiera marchar de su lado en el tiempo que le resta en el casino. Es complicado de encontrar este fenómeno, pero a veces ocurre.

Muchos apostadores han intentado a lo largo de la historia lo que llamaríamos popularmente como “colarle un gol” a los casinos. ¿Cómo se cuela un gol a una sala de juegos en los craps? Muy sencillo, con unos dados trucados. Unas figuras geométricas que son más pesadas de lo normal por alguna de sus caras, un crupier un tanto despistado y un jugador lo suficientemente habilidoso como para dar el cambiazo cuando menos te das cuenta. Es todo lo que hace falta para arruinar a un magnate en una sola noche.

Esto se empezó a hacer en el sector del juego en la época de los 90, aunque duraría poco. La mayoría de los casinos empezaron a blindarse contra jugadores que utilizaban tanto esas malas artes como las del conteo de cartas. Con la diferencia de que la primera es ilegal y la segunda no. Quizá la banca fue demasiado lejos en algunos aspectos, pero eso ya es otra historia. El caso es que esto ha ocurrido a lo largo de la historia y es necesario mencionarlo. Eso sí, no iba a ser el caso de nuestro protagonista de hoy. Lo suyo fue valor y por supuesto fortuna.

Hablamos de Stanley Fujitake. Todo un maestro y un profesional en el lanzamiento de los dados. No era un tipo que dedicara toda su vida al juego de forma profesional como hemos podido ver en otros ejemplos de apostadores, pero tenía una gran afición y trataba de demostrarlo. Nació en la isla de Oahu, en Hawái. Algo apartado del territorio estadounidense de Las Vegas, aunque eso no le impidió realizar viajes de forma continua al Strip. Concretamente le gustaba alejarse un tanto de la zona de más algarabío y desplazarse hasta The California Hotel and Casino. ¿Pero por qué allí?

Eso es porque este edificio tenía una conexión muy especial con la comunidad hawaiana. Desde su apertura en 1975, el empresario estadounidense Sam Boyd decidió orientarlo hacia el mercado de la isla. El juego no fue siempre el principal atractivo para incitarles a visitarle, sino que la comida y la temática del alojamiento eran también una buena razón para hospedarse por un tiempo. De hecho, se calcula que entre el 80% y el 90% de los visitantes de la isla que iban a la ciudad del pecado se alojaban en la propiedad de Boyd. Sencillamente espectacular.

Entre toda esa colonia se encontraba Fujitake, atraído por el buen hacer del hotel. La noche del 28 de mayo de 1989 es la que nos lleva al episodio que nos ocupa y la que cambió su vida para siempre. Stanley se acercó a una de las mesas de craps con el objetivo de ganar unos dólares. El mínimo de la mesa estaba en 5 dólares y eso fue lo que este puso sobre la misma para su primera tirada. Pero no iba a permitir que nadie lanzara los dados por él. Quería hacerlo él mismo.

Fuente: casinotoplists

Era la rutina que solía seguir en la mayoría de casinos a los que acudía en busca de un poco de acción y dinero. Tenía una gran experiencia y solía aguantar una gran cantidad de tiempo lanzando los dados. Aun así nadie se imaginaba lo que estaba a punto de pasar. Normalmente, los jugadores habituales suelen resistir lanzando los dados una media hora más o menos. No solo porque pierdan las ganancias con las que contaban sobre la tabla en ese intervalo de tiempo, sino por una razón física. El brazo se acaba cansando de hacer el mismo movimiento. Pero Fujitake no contaba con ese problema.

Arrancó sus lanzamientos y lo hizo siempre con unas puntuaciones muy buenas. Los minutos iban pasando y sus ganancias aumentaban. Y no solo eso sino que los curiosos de otras mesas se acercaban para intentar aumentar su capital junto al hawaiano. En un viaje anterior ya había sido capaz de estar durante una hora y cuarenta y cinco minutos lanzando los dados, pero en esta ocasión el tiempo exacto fueron tres horas y cinco minutos. Sin duda un récord espectacular que dejó boquiabiertos a miembros del casino y visitantes del mismo.

Lo mejor es que lo hizo sin registrar pérdidas. Empezó con 5 dólares, pero al cabo de una hora ya estaba apostando con el máximo de la mesa que eran 1.000 dólares. Los jugadores ya no se acercaban, sino que peleaban por intentar estar en su mesa. Para intentar lograr apostar algo de dinero en la tabla había que sobrepasar una nube de personas y a veces ni si quiera llegabas a conseguirlo. Los apostadores se volvían locos porque no solo él ganaba sino que hacía ganar al resto con sus jugadas. La noche estaba siendo de auténtico oro para todo el público.

Fujitake ganó aquella noche unos 30.000 dólares, pero al menos dos decenas de jugadores se lucraron con cantidades mucho mayores que la suya. El casino tuvo que tirar de las reservas de su cámara para poder pagar todo lo que el incansable Fujitake había provocado durante esos 186 minutos de locura. Se calcula que unos 750.000 dólares fueron entregados por la sala de juegos esa noche. Pero el magnate del casino, lejos de ponerse echo una fiera y tratar de loco a Stanley, decidió pagar debidamente todo lo que debía y beneficiarse a su manera del estadounidense. Una jugada maestra que Boyd se tomó como una inversión.

El empresario reconoció la hazaña de Fujitake aquella noche y se hizo eco del apodo que se ganó de “el brazo dorado”. Esta iba a ser la forma de captar más jugadores hacia su casino, siempre muy reconocido pero algo más desplazado del centro con respecto a sus competidores. Reservó una zona para hacer una especie de pequeño museo en el que se podía encontrar un trofeo de una mano bañada en oro en honor a Fujitake. Además, creó el Club Brazo Dorado, propiedad del propio casino.

Pertenecer a este grupo ofrecía una serie de descuentos muy importantes y para pertenecer a él el jugador debía estar al menos una hora lanzando los dados. Si lo conseguían se grababa su nombre en una pequeña placa que se dejaba expuesto en una vitrina a la vista de todo el público. El negocio le ha funcionado muy bien a Boyd desde que Fujitake hiciera su aparición estelar en su salón de juegos y seguro que con el tiempo acabó recuperando todo de lo que se despidió en aquella oportunidad. Sus parientes hawaianos han sido los más interesados en visitar el lugar y de intentar igualar su proeza.

Una proeza que ha sido reconocida por muchas personalidades del sector del juego. Para los casinos supuso un antes y un después este episodio. Fueron conscientes de que un jugador afortunado podía acabar con ellos en cualquier momento y más si tenía la determinación con la que contaba Fujitake. Desde entonces muchos se han blindado contra estos apostadores adiestrando a sus repartidores y dotándoles de muchos recursos para revertir estas situaciones.

Lo que no podrán cambiar será lo que logró este genio de Hawái. Un hombre que tras su fallecimiento dejó un reguero de elogios por lo que hizo en aquella primera en el California Hotel and Casino. Un nuevo episodio para The Cal y para la empresa de Sam Boyd.

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