Archie Karas: del cielo al infierno

Karas con sus millones

En la vida no es fácil que la gente te reconozca como el mejor en algo. Y en el feroz mundo de las apuestas más aún. La competencia es inmensa tanto en los casinos como en los casinos online y aunque muchos jugadores salgan victoriosos, pocos adoptan el título de héroe. Para eso tienes que ser muy bueno, casi mágico. Algo de eso debía tener Anargyros Nicholas Karabourniotis, conocido popularmente como Archie Karas. El griego está considerado como uno de los mejores apostadores de la historia. Su apodo es “The Run” y ya se pueden imaginar por qué. Mantiene patente su gran hazaña de incrementar su patrimonio desde apenas 50 dólares hasta los 40 millones de euros.

Una absoluta locura cuya vía fue el juego. Arrancó en los bolos y el billar, pero poco a poco se dio cuenta de que su lugar estaba en las salas de juego. Los craps, el poker, el baccarat y finalmente el blackjack fueron los responsables de su triunfo. Pero también de su gran ruina. Su historia encandila y es digna de contar.

Así se curtió The Run

Karas nació el 1 de noviembre de 1950 en Antypata, una ciudad de la isla griega de Cefalonia y que se encuentra al oeste del territorio heleno. Allí el pequeño Archie no pudo criarse en el ambiente de una familia acogedora y pacífica. Su padre trabajaba en la construcción, pero como muchos hogares de la zona arrastraba problemas financieros. Su frustración por la situación derivó en problemas de violencia doméstica contra su hijo, por los que se celebraron diversos juicios. Finalmente, cansado de una situación insostenible, Archie se marcha de casa con tan solo 15 años. Cuatro más tarde falleció su padre, al que nunca volvió a ver después de aquello.

Durante los siguientes años trató de sobrevivir para comer. Hacía espectáculos con bolas en plena calle y así ganaba algo de dinero. Finalmente, todavía siendo menor de edad firmó un contrato para trabajar como camarero en un barco y ahí pudo surcar todos los mares. Pero muy pronto su hábito iba a dar sus primeros giros hacia las salas de juego. Él no quería trabajar, quería ganar dinero apostando.

En una bolera pasaba los días jugando al billar y al poker en las mesas de una sala contigua a las pistas. Allí logró hacerse de oro llegando a ganar dos millones de dólares. Pero el dinero es efímero y a Karas parecía no importarle. Para él lo realmente emocionante era el juego. Como era de esperar perdía mucho dinero durante semanas y luego se recuperaba, hasta que ya no se recuperó. Con 50 dólares en el bolsillo se marchó del restaurante de Los Ángeles en el que se ganó posteriormente su sueldo. El destino: Las Vegas.

Corría 1990 con los mejores casinos de “la ciudad del pecado” en plena ebullición. Karas buscó ayuda en un amigo para empezar. Éste le prestó el dinero que necesitaba para comenzar a apostar y tan solo en unas horas le devolvió el efectivo con intereses. Incluso su camarada se quedó perplejo ante la facilidad que tenía el heleno en las mesas con apuestas muy altas. Su patrimonio creció en las mesas de Razz poker, una variante del juego en la que el objetivo es lograr la mano más baja posible y en la que Archie se consideraba todo un especialista.

Archie Karas jugando

Fuente: highstakesdb.com

Sus ganancias crecieron hasta los cuatro millones de dólares y como era de esperar el dinero llama a dinero. Los grandes jugadores de la época se propusieron desbancar todo lo que Karas había conseguido en poco tiempo y el lugar elegido fue el casino Mirage. Muchos y muy conocidos lo intentaron, pero ninguno lo consiguió. El afortunado llegó a convertirse en invencible en las mesas del conocido casino. Y eso que por entonces no disponía de una oferta tan amplia como la de ahora.

En el Mirage Casino puedes encontrar pantallas táctiles en las que apostar a carreras de caballos o galgos y a todo tipo de deportes. Incluso disponen de una aplicación privada para móvil en la que seguir el minuto a minuto de todos estos eventos. Por supuesto ofrecen grandes lotes iniciales para amateurs y tienen un espacio reservado para máquinas tragaperras. Para los que decidan tomarse un descanso hay una sala rodeada de pantallas en la que poder respirar tranquilo, pero sin duda lo que más resalta es su variedad de mesas privadas con diversos juegos:

De todas ellas solo en las de poker logró curtirse Karas hasta que los dados llamaron su atención. También en los craps siguió ganando, incluso teniendo de por medio una intensa guerra con el director del Binion’s Horseshoe Casino. El magnate estadounidense Jack Binion dirigía por entonces la sala de juegos con las apuestas más altas del estado. Binion llegó a aceptar que tenía miedo de Karas. Lo veía desenvolverse como nadie en las mesas y luego dormir en un coche en el parking de la entrada del casino. El juego era su vida.

El dirigente llegó a estar contra las cuerdas frente al griego. Karas un día ganaba varios millones de dólares y al siguiente perdía incluso más. Tuvo las reservas del Binion’s al límite y pudo desbancarlo en alguna ocasión. Ante tal peligro, Jack elevó y bajó los límites de apuestas a su antojo para favorecer a su local y perjudicar a Archie. El griego lo sabía, pero aceptó las condiciones y se propuso seguir ganando. Lo increíble es que lo logró hasta tal punto que dejó sin fichas de 5.000 dólares al Binion´s Horseshoe. Con ello su patrimonio había ascendido a los 40 millones de dólares. Estaba en la cresta de la ola.

El Binion’s Casino cambiaría años más tarde de denominación a Binion’s Gambling Hall y Hotel. Está situado en el centro comercial Fremont Street Experience en plena ciudad de Las Vegas y siempre ha perteneció a la familia Binion hasta el año 2004. Los alojamientos dejaron de ofrecerse en el año 2009 pero a día de hoy sigue llevando la denominación de hotel. Su oferta también es muy variada con máquinas tragaperras de todo tipo, sala de poker en directo, paneles de apuestas de deportes, aplicación móvil y club de jugadores. Sus mesas contienen:

  • Blackjack
  • Craps
  • Ruleta americana
  • Three Card Poker
  • Leti t ride poker
  • Pai gow poker

Precisamente en esas mesas de dados sería en las que la ola de Karas iniciaría su inevitable descenso. En 1995 su racha de más de dos años y medio de ganancias llegó a su fin. Comenzó a acumular pérdidas de muchos millones de euros. Los casinos registran que fueron unos 11 millones más o menos lo que se dejó en los dados. Tras ello no tuvo más remedio que cambiar de juego y ahí apareció el baccarat. Se agarró a los naipes como tabla de salvación pero no fue posible. Perdió otros 17 millones de euros en este juego y con 12 en su haber decidió que era el momento de tomar un descanso y volver a su tierra, a Grecia.

Mesa de casino de blackjack

Aun así, su etapa en Las Vegas no había finalizado porque poco después regresó al casino de Binion. El blackjack fue su objetivo entonces, pero solo logró reducir sus ganancias hasta solo quedarle un millón de euros. Con dicha cantidad se enfrascó en una lucha con Johnny Chan en las mesas de la que salió bien parado.

Duplicó su dinero para acabar perdiéndolo de nuevo en los dados. Esta vez si que había tocado fondo porque no tenía ni para comer. Pero Karas aun tuvo dos objetivos más en Estados Unidos. En el Casino Gold Strike y el Fitgeralds Casino logró una nueva racha ganadora con la que pudo sobrevivir.

El blackjack y el baccarat le acabaron salvando y lograron que The Run pudiera seguir ligado a Las Vegas. Tras perder su pista, en el año 2013 saltó la noticia de que había sido detenido en San Diego, ciudad del estado de California, por hacer trampas en el propio blackjack. Karas logró 8.000 euros hasta que la Comisión de Juego de Barona descubrió su triquiñuela. El griego utilizaba una sustancia invisible para marcar las cartas de la baraja.

Según explicó el fiscal que lleva el caso, realizaba marcas distintas paras los ases por un lado, para las figuras por otro y para las cartas del siete al nueve por otro. Las cámaras del casino cazaron el momento en el que hacía las marcas y más tarde en su domicilio los investigadores encontraron el líquido sospechoso.

Salió de la cárcel con libertad condicional y tuvo que pagar una multa de más de 6.000 dólares. Ahora todavía sigue en algún lugar de Las Vegas recordando sus grandes logros. Nostalgia de una época en la que fue probablemente el mejor jugador de la historia de los casinos. Así lo sentía él, que no tenía ningún tipo de apego al dinero. Él quería experimentar la adrenalina que proporcionan las apuestas, el juego. Archie Karas nació para ser jugador, lo fue y nadie sabe si lo dejará de ser algún día.

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