Juegos de casino olvidados: Treinta y Cuarenta

En todos los casinos presenciales y también en los casinos online se va renovando la oferta de juegos. Lo cierto es que en la mayoría de casos tiene que ver con la afluencia de público que tienen cada una de estas prácticas, pero no siempre es así. A veces las salas de juegos se ven obligados a retirarlos por fuerzas mayores.

Algo parecido ocurrió con el treinta y cuarenta, un juego de cartas de origen francés muy fácil de entender y en el que la suerte juega un papel clave. A pesar de su popularidad tuvo que ser retirado del mercado tras un conflicto entre casinos, aunque todavía en alguno de ellos se sigue desarrollando. El nombre es más que apropiado, ya que las manos siempre tienen un valor de entre treinta y cuarenta puntos y nunca ni menor ni mayor valor.

Historia del treinta y cuarenta

Si hablamos de este juego, tenemos que tener en cuenta que se trata de uno de los juegos de apuestas más antiguos del mundo. Para encontrar su origen de nuevo nos tenemos que remontar al siglo XV y a Francia. Y digo de nuevo porque muchos de los juegos de casino que hoy conocemos pertenecen a este momento y lugar concreto de la historia. También le ocurre a los craps, que comenzó a desarrollarse en las cruzadas.

Por entonces el treinta y cuarenta solo estaba empezando a constituirse y probablemente los soldados galos tuvieron mucho que ver en ello. Las guerras religiosas fueron crudas y duras, y por tanto los batallones tenían que distraerse de alguna manera. Fue en este tiempo en el que se comenzaron a forjar las directrices de este juego y durante el siglo siguiente se acabaría expandiendo por toda Europa. Esta práctica caló especialmente en la zona más continental (excluyendo las islas), y especialmente se instaló en Francia, Italia e incluso Mónaco.

En el siglo XVII fue cuando más auge alcanzó y así se mantuvo hasta el siglo XIX. Va a ser en la parte final de este periodo cuando se trunque la oferta del treinta y cuarenta en el repertorio de las salas de juego europeas. El sector de las apuestas estaba en pleno desarrollo y cada vez aparecían más y más casinos por todo el mundo. Esto derivó en una guerra entre casinos, que donde más importancia tuvo fue en la costa azul francesa.

Esta parte corresponde a toda la zona del litoral mediterráneo al sureste de Francia, en la que se encuentran ciudades emblemáticas como Niza, Cannes y ya Montecarlo en lo que al principado monegasco se refiere. En esta parte, los directores de las salas de juego fomentaron entre ellos una fuerte rivalidad que llegó hasta las consecuencias más sucias. Los magnates contrataban a jugadores para que se infiltraran en el casino de la competencia e intentaran desbancarlo.

A priori no parecía fácil, pero el treinta y cuarenta tuvo mucho que ver en estas maniobras. Con la ayuda interna del algún empleado comprado por la competencia, el tapado era capaz de llevar un conteo de las cartas, conocer cuales iban a salir en determinados momentos y por tanto realizar apuestas seguras. La costa de Niza fue la más afectada por este juego ilegal y casinos como el de Mentón, el Ruhl o el que estaba situado en el complejo Palais de la Méditerranée acabaron declarándose en bancarrota.

Por esta razón este juego ya no se encuentra en la mayoría de casinos de Europa, sin embargo sigue siendo muy popular en Italia, Francia y en Mónaco. El más destacado de todos ellos es el Casino de Montecarlo en el que aun se puede jugar en mesas de treinta y cuarenta. Lo mismo ocurre en establecimientos transalpinos como el Casino de la Vallée, situado en la localidad de Saint-Vicent.

Objetivo del juego

El objetivo de esta práctica es muy sencillo. Lo único que hay que hacer es tratar de acertar la combinación de cartas que el crupier va dejando sobre la mesa en hileras. El límite es treinta y por tanto hay que adivinar cual de las dos filas de cartas se acercará más a ese valor.

Elementos del juego

Baraja francesa

  • Seis barajas francesas (de 52 cartas y sin índices).
  • Fichas (de las de apostar)
  • Mesa o tapete especial de treinta y cuarenta.

Cómo se juega al treinta y cuarenta

El treinta y cuarenta es un juego sencillo y con ganancias potenciales bastante jugosas para los apostadores. Para empezar la mesa en la que se desarrolla el juego está dividida en cuatro partes. Una está delimitada para la fila roja, otra para la fila negra y en los extremos de las mesas hay dos casillas llamadas “color” e “inversa”, y que más tarde explicaremos su significado.

El crupier estará sentado en un extremo de la mesa y los jugadores en el contrario, mientras que la baraja utilizada será la francesa. Eso sí, tiene un carácter especial y es que los naipes no tienen índices. Lo mismo se utiliza por ejemplo para el baccarat y en este caso ambos juegos tienen eso en común. Además, todas las cartas tienen el valor que contiene su número a excepción de las figuras que valen todas diez.

Una vez que esté constituida la mesa se da paso al juego. Mientras que el crupier barajea las cartas los jugadores pueden realizar sus apuestas. En este sentido hay cuatro posibilidades para los apostadores; por un lado se puede apostar a que la fila ganadora (la que más se acerca a treinta) es la denominada “negro”; por otro lado también la apuesta puede hacerse a que la fila ganadora es la denominada como “rojo”; y aparte hay otras dos opciones más.

Los jugadores pueden apostar a “color”. En esta baza el jugador gana si la primera carta de la fila negra es del mismo color que la fila ganadora. Puede ocurrir que en la fila negra salga primero una carta de color rojo y que finalmente la fila “rojo” sea la vencedora, por tanto, en ese caso el apostador sería el ganador. Y la “inversa”, como su propio nombre indica, es al contrario. Es decir, esto es apostar a que la primera carta de la fila negra es del mismo color que la fila perdedora.

Hay que indicar que en las filas “roja” y “negra” no se van poniendo solo cartas del color que se indica, sino que simplemente se le dan estos nombres para diferenciar a los dos carriles. Esto quiere decir que se les podría haber llamado uno y dos por ejemplo, pero el origen del juego indica que esta es su forma de practicarlo.

Una vez que se realizan las apuestas, el crupier va sacando cartas en la primera fila que es la negra, hasta que esta llegue al valor de treinta y uno o superior a esto. Eso sí, nunca se puede pasar de cuarenta. Una vez finalizada esa primera hilera hace lo mismo con la roja hasta que el valor de nuevo llegue a treinta y uno o lo supere. Finalmente se hacen las cuentas y la fila que más cerca esté de treinta es la ganadora. Y lo propio con el color y la inversa.

El crupier pagará las apuestas a los ganadores, recogerá la de los perdedores y barajeará para de nuevo iniciar una nueva partida. Todo muy simple y sencillo de entender. Aun así, hay varias consideraciones a tener en cuenta dentro del desarrollo del juego. En la mayoría de casinos en los que se sigue practicando se hace de una manera muy técnica y esa es otra de las razones por las que ha quedado en el olvido de las casas de juego.

Particularidades

Normalmente hacen falta tres personas pertenecientes a la banca para controlar el juego. Uno es el jefe de mesa, que es el que vela por el desarrollo justo y normal del juego; otro es el crupier que barajea y va poniendo las cartas sobre la mesa; y por último hay un segundo crupier que es el que paga las apuestas y las recoge. Una vez que el crupier mezcla los mazos, debe realizar un corte el jugador situado a su derecha, y además el jefe de mesa dispone de una carta roja que puede utilizar en cualquier momento para detener el juego si se ha producido alguna irregularidad. En ese caso la mano que se esté jugando queda anulada.

En cuanto a las bazas los crupiers no suelen decir literalmente “treinta y dos” por ejemplo, sino que solo se indica la unidad. Es decir, si el valor de una hilera es de treinta y tres el crupier dice: “tres”, y todo el mundo lo comprende. En el pago de las apuestas se pagan primero las de color e inversa y después las de rojo o negro. Y además existen más detalles a destacar sobre ellas.

En todas las apuestas se cobra el doble de lo que se ha apostado y en caso de empate la mano se considera nula, no hay ganador y por tanto los jugadores deben decidir si retiran su apuesta, la mantienen para la siguiente mano o la aumentan. Esta norma debe cumplirse siempre, a menos que se produzca un empate a treinta y uno. Si pasa esto último, el casino se queda con la mitad y deja al jugador la decisión de qué hacer con el resto.

También en algunos casinos se permite que los jugadores paguen al principio un seguro contra el empate a treinta y uno. Esto permite que si se produce dicha baza el jugador recupere su apuesta a excepción de un 1% con el que se queda la banca.