El Einstein del blackjack

Thorp con los naipes

En todas las áreas existen personajes ilustres que emergen para hacer cambiar el funcionamiento actual de sectores históricamente tradicionales. Los juegos de azar, por definición, no parecen contener sistemas que los seres humanos sean capaces de descifrar, sin embargo algunas figuras fueron capaces de establecer la excepción que confirma la regla. Todos los campos tienen su Einstein y el del blackjack fue Edward Oakley Thorp.

Este matemático americano encontró a través de los números una técnica para poder aumentar sus posibilidades de ganar a este juego de casino tan reconocido. Y no solo eso, sino que además quiso compartir con el mundo sus descubrimientos. Sus artículos formaron un gran revuelo en su época y su libro “Beat the dealer: A winning strategy for the game of twenty one”, supuso todo un manual para cualquiera que fuera practicante habitual de este juego.

Thorp nació en Chicago en 1932. A sus 25 años desarrolló un doctorado en matemáticas en la Universidad de California, en Los Ángeles, y más tarde empezó a enseñar su materia en el MIT. Tras pasar dos años allí se marchó a trabajar a la Universidad Estatal de Nuevo México y finalizaría su etapa como profesor en la Universidad de California en 1982. En esos últimos años, tras ser desterrado de las casas de juego, buscó aplicar su teoría en el mercado de valores.

Todo ello tuvo un inicio y para eso hay que transportarse hasta 1958. Entonces Thorp formaba parte del equipo del MIT. El profesor decidió hacer un viaje junto a su esposa para desconectar un poco del trabajo y tomar un respiro. El objetivo fue Las Vegas. Nunca ha quedado claro si las intenciones del viaje eran buscar un plan alternativo en la maravillosa ciudad del estado de Nevada, o si realmente los casinos eran el destino inicial del profesor. Sea como sea lo hizo.

Antes de que se marchara, uno de sus colegas del departamento de matemáticas quiso avisarle. Sabía que Thorp se disponía a ir a Las Vegas y le recomendó que leyera un artículo. La lectura pertenecía al Diario de la American Statistical Association en el que se hablaba de cómo jugar al blackjack. El natural de Chicago sabía que en las apuestas de casinos las probabilidades siempre están en contra del jugador, pero aun así tomó en cuenta las recomendaciones de su camarada.

Una vez acomodado en “la capital de entrenamiento mundial” decidió acercarse a uno de los mejores casinos de la ciudad. Su intención era la de divertirse sin que eso le costara un gran desembolso de dinero. En su cabeza estaba la idea de que la experiencia iba a ser negativa en términos económicos, aunque podría haber un pequeño factor aleatorio que podría favorecerle o desfavorecerle según el momento. Gracias a la publicación anteriormente mencionada sabía que podía reducir la ventaja de la banca a tan solo un 0,62%. Una cifra muy buena para comenzar.

En el hotel hizo una tarjeta de estrategia y más tarde con tan solo 10 dólares se sentó en una de las mesas del casino. La situación no estaba siendo nada buena para el resto de los jugadores. Todos parecían desesperados por la fortuna que estaba teniendo el crupier con los naipes. Y cuando vieron llegar a Thorp con su estrategia todos esbozaron una sonrisa compasiva. Nadie confiaba en que le funcionara, aunque muy pronto tuvieron que rectificar.

Edward Thorp practicando el blackjack

Fuente: newsweek.com

Después de unos minutos de juego, Edward tenía un as y un siete sobre la mesa, mientras que el crupier tenía nueve. Decidió pedir una nueva carta a lo que todos los otros jugadores reaccionaron con escepticismo. Negaban con la cabeza tildándolo en sus pensamientos de inexperto. Sin embargo, la carta fue un cuatro y después de varios ases y doses la cuenta de Thorp era de dieciséis. Su tarjeta de estrategia le funcionó a la perfección y logró un cinco que le daba la los veintiuno para ganar. El resto de apostadores se quedaron asombrados y de repente cambiaron su pensamiento sobre el sistema. Todos pensaron que algo mágico había invadido la mesa aquella noche. Ahora los gestos eran de admiración.

Al final las cuentas de Thorp fueron negativas, como él esperaba en un principio. De los diez dólares de base había perdido ocho, pero las sensaciones no habían sido nada malas. El viaje terminó y tuvo que regresar a su trabajo en la universidad. Allí repasó de nuevo el artículo y les pidió a los autores que le pasaran todos los cálculos a través de los cuales habían trazado la estrategia. El catedrático estaba convencido que podía mejorarla y optimizarla. Pensaba que había muchas probabilidades de ganar al juego realizando un conteo de las cartas que iban saliendo.

El post del American Statistical Association proporcionó a cada carta las mismas probabilidades de aparición en cada ronda y por ello no surtió efecto. Así, el genio de las matemáticas comenzó a retirar números de la baraja y echar cuentas. Pero muy pronto se dio cuenta que a ese ritmo era imposible obtener buenos resultados. Aprovechando que del MIT tenía la revolucionaria computadora IBM 704, le introdujo los datos y los cruzó para buscar patrones. Los encontró y no dudó en utilizarlos.

Unos meses más tarde, Thorp comenzaría a realizar viajes para probar su fórmula a las ciudades de Reno, Lake Tahoe y Las Vegas. No lo hizo solo, sino que contó con la ayuda de su amigo Manny Kimmel. Este personaje había sido un rico apostador profesional y un corredor de apuestas ilegales, pero tenía toda la confianza de Edward. Con un capital inicial de 10.000 dólares recorrieron las salas locales de las dos primeras ciudades jugando al blackjack. Las cosas no pudieron salir mejor, ya que en solo un fin de semana habían conseguido unas ganancias de 11.000 dólares.

Cuando el experimento se trasladó a los casinos de Las Vegas, Thorp fue precavido y usó varios disfraces para no ser reconocido en las cintas de vídeo de las cámaras de seguridad. Su plan salió a la perfección y regresó a casa con una buena cuantía de ganancias. Todo ello llevó al profesor a montar un grupo y no solamente para jugar al blackjack. Fue capaz de fundar una asociación para practicar el baccarat bajo unas consignas concretas y luego ponerlas en práctica en las salas de juego. También hizo algo similar en la ruleta, aunque aquello no se caracterizó por la discreción.

Junto a la pareja formada por Claude y Betty Shannon se trasladaron a “la ciudad del pecado” para conseguir ganancias en la clásica ruleta americana. Pero para ello introdujeron un ordenador en el propio salón con el que iban monitorizando todos los movimientos de la máquina. Por aquella época no estaba prohibido introducir este tipo de dispositivos en los casinos, aunque tras este hecho la ley no tardó mucho en aprobarse. Los directores se dieron cuenta tiempo después de lo que Thorp había montado y no tardaron en cortarle las alas.

Le prohibieron el paso en muchos de los casinos que solía frecuentar. Y no solo en las salas que visitó sino también en las de los alrededores por el miedo a poder toparse con él. La noticia corrió como la pólvora. Edward Thorp se había convertido en una leyenda para los jugadores de blackjack y el enemigo número uno paras las casas de apuestas. Quizá motivado por este hecho o simplemente por las ganas de compartir sus vivencias, acabó publicando su libro en el que explica todos los pasos que siguió. De esta publicación se vendieron más de 700.000 copias, una cifra más que importante para un libro especializado en una materia concreta.

Edward Thorp jugando en el casino

Fuente: marketwatch.com

La investigación es uno de los pocos ejemplos de obras que pasan directamente del que las crea hasta el público, sin ningún tipo de filtro. Normalmente otros académicos suelen revisar el trabajo del escritor, pero este caso es una excepción en este aspecto. El descubrimiento de Thorp motivó a los casinos a encontrar nuevas maneras de limitar las posibilidades de ganancia de nuevos jugadores con gran habilidad. De hecho, las malas lenguas cuentan que algunas salas incluso se arriesgaron a ser sancionados y adiestraron a sus crupiers para que hicieran trampas en el juego en favor de la banca. Se comentaba por tierras americanas que bajo el mazo de cartas de juego, los repartidores tenían cartas estratégicas que lanzaban si veían peligro de derrota.

Lo único cierto es que Edward Thorp cambió por completo el sentido que hasta ese momento había tenido el blackjack. Logró una buena cantidad de dinero y la experiencia le ayudó a introducirse más tarde en el mercado de valores. Ahí pudo poner a prueba los conocimientos adquiridos especulando con la compra y venta de activos. Ni la banca ni los casinos más prestigiosos de Las Vegas pensaron nunca que tendrían que enfrentarse a un profesor, a un matemático.

El propio Thorp aseguró que encontró mucha de la inspiración necesaria para emprender esta aventura en un ensayo de John Larry Kelly. Las teorías de este científico ayudaron a nuestro protagonista a convertirse en lo que hoy se le considera: el Einstein del blackjack. Un héroe distinto y nada egoísta. Otro enemigo que estuvo cerca de poner en jaque a los casinos. Quien sabe si hoy también sería capaz de hacer algo similar en los casinos online. Todo puede ser.

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