El legado de Joseph Jagger en la ruleta

Ruleta del Casino de Montecarlo

A pesar de que muchos expertos en míticos juegos de casino y de azar utilizaron una gran cantidad de tiempo para aprender las artes de sus correspondientes disciplinas y desarrollar sistemas especializados en la práctica, dentro de la historia de los mejores jugadores del mundo también hay jugadores fugaces capaces de poner en jaque a cualquier magnate de una sala de juegos en apenas unos pocos días. Solo hay que fijarse en personajes como William Lee Bergstrom, un jugador al que se le consideraba un fantasma y que en apenas dos ocasiones dejó contra las cuerdas a una de sus víctimas en los craps.

Nada que ver con otros ejemplos como el equipo de blackjack del MIT. En esa historia reina la paciencia para armar un grupo de jugadores que fueran capaces de controlar sus impulsos y todo lo que les rodeaba una vez que se sentaban en una mesa de blackjack. A partir de ahí y de mucho entrenamiento previo conseguían sus objetivos y se hacían con grandes cantidades de dinero, pero siempre pasando muchas horas delante del juego y con el riesgo de que los vigilantes de los casinos seleccionados se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Más complicado es llegar y hacer lo que mejor sabes como le ocurrió a Joseph Hobson Jagger. Este empresario inglés, enfrascado en negocios de la industria textil, fue capaz de dar un golpe histórico en cuestión de apenas una semana. Lo hizo gracias a sus conocimientos y a unos sencillos pasos que siguió con una buena labor de investigación. Sin embargo, esta no fue tan exhaustiva como nos podemos imaginar. Hubo mucho de intuición y de la fortuna que se tiene que tener para ser capaz de derribar una puerta tan dura y grande como la del juego.

Su hazaña recuerda mucho a la de los Pelayo, puesto que está relacionada con la ruleta. Y por supuesto fue completamente legal. Jagger, natural de Yorkshire, empezó muy pronto en su sector y se afianzó como un hombre de negocios e inversiones en el siglo XIX. A su mediana edad se enfrentó a una situación límite con una familia a la que mantener formada por cuatro hijos. Su empresa se había ido a pique y estaba en bancarrota. La desesperación y las deudas se apoderaron de él y lo dejaron en una posición muy complicada. Y en situaciones desesperadas, medidas desesperadas debió pensar el inglés.

Joseph era experto en la fabricación y el tratamiento de materias primas y por tanto había trabajado durante mucho tiempo con máquinas de costura. Las máquinas más rudimentarias funcionaban a través de ruedas giratorias y como tal conocía de sobra que estas podían fallar. Muchas veces había tenido que cambiarlas porque se estropeaban, por lo que de ahí pudo surgir su idea de cara a la aventura que iba a emprender en su vida. En los años 70 su hijo mayor tuvo que desplazarse a Montecarlo con dinero prestado para buscarse un futuro y este iba a ser el reclamo perfecto para su padre.

Joseph Jagger

Jagger decidió estudiar durante algunos días las ruletas del Casino de Montecarlo. El objetivo era encontrar algún defecto como él mismo había comprobado que tenían todas las ruedas giratorias de su negocio y posteriormente poder aprovechar esa ventaja a su favor. Contrató a media docenas de personas para que fueran a las mesas del salón principal a jugar y anotar todos los números resultantes. Todos los datos eran necesarios para que posteriormente, el británico hiciera un estudio al completo durante los días posteriores. Y lo cierto es que encontró el resquicio que necesitaba.

Al igual que los Pelayo lo encontraron en las ruedas del Gran Casino Mallorca, Hobson lo había encontrado en el corazón de Mónaco. Según su estudio, los números 7, 8, 9, 17, 18, 19, 22, 28 y 29 salían con bastante más frecuencia que el resto de cifras y con probabilidades bastante más grandes de las que podía ofrecer el puro azar. Jagger tenía claro que el poco dinero que le quedaba lo iba a utilizar en este intento. Un intento desesperado por mejorar su situación y de paso por demostrar su valía como ingeniero.

El 7 de julio de 1875, en la noche, el de las islas llegó hasta el Casino de Montecarlo con su plan muy bien ideado. En una sola noche apostó una y otra vez por estos números y se llevó una cantidad mucho más grande de lo que se pudo imaginar. De hecho, el director de la sala por entonces que era François Blanc llegó a colocar una tela de color negro sobre la mesa y declarar que Jagger “estaba rompiendo el banco”. Esta expresión se utiliza cuando un jugador es capaz de agotar la reserva con la que cuenta una mesa de ruleta y que obliga al casino a tirar de los fondos para volver a financiarla.

Jagger no solo logró hacerlo aquella noche, sino que durante 6 días fue capaz de hacerse con casi seis millones de dólares, a millón por día. Una cifra espectacular y que se registró antes de que Blanc pudiera descifrar que era exactamente lo que pasaba en sus mesas y por qué estaba perdiendo tanto dinero. Eso sí, una vez que lo hizo tampoco pudo hacer nada, solo esperar a que el jugador se marchara con todo el oro disponible.

Tras aquello, Joseph se convirtió en toda una leyenda de la ruleta y del juego en general. Con el dinero ganado pudo remontar su vida dañada y recomponerla para acabar comprando varias propiedades. Nunca más volvió a probar las mieles de los casinos y las ruletas, aunque con lo que había hecho ya era toda una leyenda. Tras su muerte, a finales de ese siglo XIX, inspiró la publicación de una canción en su honor e incluso una película. También dejó un libro en el que detallaba su sistema y que décadas más tarde inspiraría a los Pelayo para hacer algo muy similar.

Por tipos como Jagger, los fabricantes de ruedas para ruletas se encargaron de hacer particiones móviles poco después para evitar que estas cosas pudieran volver a suceder.

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