Un hombre de blackjack y de equipo

Jugadores de blackjack

Grandes personajes a lo largo de la historia han destacado por ser muy buenos en el juego. Algunos de ellos fueron capaces de desbancar los mejores casinos que había en su época, mientras que otros prefirieron que sus grandes hazañas pudieran servir para futuros apostadores. A muchos de ellos les movió la codicia. Las ganas de hacerse con grandes cantidades de dinero pudieron con ellos. Pero no fue así para todos.

Para algunos grandes jugadores lucrarse económicamente no fue una opción, sino una consecuencia. Una consecuencia de su persistencia, de su buen hacer y de saber potenciar sus asombrosas habilidades. Otros directamente decidieron que no se iban a aprovechar de lo que habían ganado y lo despilfarraron intencionadamente. El caso de Tommy Hyland es para analizar, ya que, no destacó especialmente por conseguir mucho dinero sino por abrir puertas dentro del mundo del juego.

Para ser más concretos, fue un claro ejemplo de juego en equipo. El blackjack era su pasión, como la de muchos otros compañeros a los que se unió. Y como muchos otros jugadores, ya desde pequeño se veía que tenía madera para ser apostador profesional. Desarrolló grandes estrategias y formó muy buenas asociaciones con las que desesperó a las mejores salas de juego de su época. Y eso le iba a traer muchos problemas. Eso sí, siempre logró salir airoso.

Hyland nació en Nueva Jersey en el año 1956. Una ciudad que parece inspirar a muchos jugadores de blackjack y sino pregunten por el bueno de Peter Griffin, otra eminencia del mundillo. El caso es que Tommy ya desde pequeño demostraba a sus amigos que él había nacido para el juego. Cerca de su casa se reunía con un grupo de chicos con el que jugaba al “pitching pennies”. Este es un juego que trata de lanzar monedas contra una pared de ladrillos y el que más cerca logre dejar la moneda del muro es el que se lleva todos los peniques lanzados. Hyland era de los mejores en esta práctica y desesperaba a sus contrincantes.

Se le veían maneras de apostador, aunque Tommy fue un chico al que se le dio bien casi todo. Decidió graduarse en ciencias políticas, mientras que el deporte copaba gran parte de su ocio. En la Universidad de Ohio, Hyland jugaba al beisbol, al baloncesto y al golf, y a todo muy bien y con mucha técnica. Estas aficiones le empujarían en la adolescencia a interesarse por las apuestas deportivas y le alejarían de los estudios. Él no estaba hecho para esa vida y se dio cuenta muy pronto. Él quería ser un jugador profesional.

Esto último pudo descubrirlo gracias a su compañero de habitación del campus universitario. Hyland y su pupilo compartían afición por las apuestas y regularmente ambos ensayaban en su habitación jugando partidas de blackjack o craps. Fue entonces cuando Hyland se empezó a interesar de verdad por los juegos de cartas. Tanto él como su compañero habían leído artículos sobre técnicas de conteo en el blackjack, pero nunca se las habían terminado de creer. Hasta que nuestro protagonista descubrió la obra de Lawrence Revere, llamada “Playing Blackjack as a Business”.

Este fue el momento clave para que Hyland empezara a plantearse el ser un jugador profesional. Y más cuando su compañero de sala le mostró el camino. Tommy llegó después de pasar un fin de semana en casa y se encontró a su amigo con una sonrisa de oreja a oreja. Se había marchado a los casinos de Atlantic City a comprobar si Revere decía la verdad en su libro. El resultado fue que logró ganar una muy buena cantidad. Tal hecho convenció del todo a Hyland de que había que tomarse muy enserio el blackjack. Y así iba a ser.

Entrevista de Tommy Hyland

Fuente: youtube.com

En el camino Hyland se encontró con otra obra que le iba a marcar. En el inicio de los años ochenta, el gran Ken Uston escribió sobre las ventajas de jugar en equipo a un juego como el blackjack. También Stanford Wong apoyaba la teoría de Uston en otro de sus escritos, pero no hacía falta que convencieran a Tommy de utilizar esa vía porque ya la estaba ejecutando. Habló con un amigo suyo llamado Leo, miembro del club de golf en el practicaba. Le propuso la idea de probar suerte en los casinos locales y este aceptó.

Ambos trabajaron duro las técnicas para contar las cartas y en menos de seis meses pasaron de tener 1.000 dólares a disponer de casi 4.000. Hyland estaba logrando su cometido, pero necesitaba más. Él sabía que se podía llegar más lejos con más capital. La solución fue reunir 16.000 dólares junto a dos compañeros más. Los cuatro hombres se movieron con astucia por las salas de Atlantic City y recaudaron en muy poco tiempo unos 100.000 dólares. A raíz de eso Tommy ya lo tenía claro del todo. Casinos, apuestas y blackjack.

Hyland quería idear su gran estrategia en torno a un gran equipo. Para ello, propagó la idea dentro de su club de golf. Las instalaciones deportivas y el restaurante interior eran los lugares en los que intentaba convencer al resto de compañeros que se unieran a su equipo. El rumor se extendió y en poco tiempo ya contaba con más de veinte miembros. Con el tiempo llegarían incluso a ser cuarenta, aunque para eso tuvo que superar varias dificultades.

Algunos de sus miembros más antiguos decidieron, llegado el momento, marcharse a las salas de juego orientales a probar suerte. Esto hizo que Hyland tuviera que buscar gente nueva y que fuera experimentada. Cuando los encontró, los adoctrinó a la perfección. Durante varios meses el equipo estuvo ensayando para mejorar en las técnicas de conteo de cartas. Y no solo se centraban en eso, sino que tenían muy bien vigilados tanto la cuenta de los ases, como el corte de la baraja.

Eran sus estrategias estrella, además de acabar rindiéndose a la tecnología. Tommy y los suyos utilizaban computadoras para monitorizar los resultados y calcular técnicas aun más perfectas. Cuando por fin se vieron preparados no dudaron en cual sería su destino: los mejores casinos de Las Vegas.

La ciudad del pecado aguardaba grandes ganancias para el equipo de Hyland. Se repartían por todas las salas de juego y lo hacían siempre con mucho sigilo. Los magnates de los casinos se preguntaron durante años cómo eran capaces de hacerlo. Las ganancias de este gran conjunto fueron significativas, pero como todo en el juego fue efímero. Al mismo ritmo que los jugadores de blackjack mejoraban sus técnicas, los casinos hacían lo propio con sus estrategias “anti-contadores”.

La guerra estaba servida. Hubo un tiempo en el que los apostadores fueron por delante, pero finalmente la seguridad de los casinos tomó la delantera. Hyland y su equipo fueron expulsados y se les prohibió la entrada de por vida en muchas salas de Las Vegas. Incluso, llegaron a ser arrestados y amenazados con arma en mano para que devolvieran todo el dinero que habían logrado reunir en una noche. Las cosas se estaban poniendo muy serias.

Con ello, Hyland decidió tomarse un respiro hasta que las cosas se calmaran. Se marchó a Las Bahamas, dónde el juego también se había puesto bastante de moda. En uno de sus casinos, Tommy fue descubierto utilizando un ordenador portátil con el que se ayudaba para desarrollar sus técnicas. Por entonces estos aparatos no eran ilegales dentro de las salas de juego, sin embargo el director decidió arrestarle y denunciarle ante la justicia. Tommy tendría que esperar al juicio y ser encerrado en los calabozos o aceptar la culpa, pagar la multa y marcharse.

A regañadientes, Hyland tomó la opción más sensata y regresó a los Estados Unidos con su mala experiencia. Pero fue en esa etapa de su vida en la que se dio cuenta de que debía luchar por los derechos de los apostadores. Y tuvo la oportunidad de hacerlo en otro pequeño problema que se le iba a presentar en la ciudad de Windsor, en Canadá.

Tommy Hyland en el casino

Fuente: countingedge.com

El natural de Nueva Jersey fue descubierto en una sala de juegos de la ciudad realizando un conteo de los ases, junto con otros miembros de su cuadrilla. Por esta razón fueron arrestados y se les acusó de hacer trampa. La noticia llegó a oídos de los magnates de Las Vegas, que ejercieron una gran presión sobre las autoridades para que condenaran a los detenidos. El caso levantó mucha polémica y motivó a otros grandes jugadores de blackjack a ayudar a sus compañeros.

Sonado fue el caso de Arnold Snyder, otro de los grandes de la historia del blackjack. Snyder se ofreció para encargarse de la defensa de Hyland, debido a que estaba muy comprometido con preservar los derechos de los jugadores. Después de varios días, el juez decretó que Tommy y su equipo eran inocentes. En el auto, el magistrado declaró que ninguna de las acciones de Hyland ni de su equipo podían ser consideradas como trampa. Los equipos de blackjack hacen muy bien su labor que es la de sacar partido al juego, utilizando la inteligencia y eso no se puede condenar.

Este fue un precedente fundamental para que hoy en día se puedan salvaguardar los derechos de las personas que son contadores de cartas y que se lucran de ello. Y en todo ello estuvo involucrado Hyland. Un Hyland que más tarde aprendió de su experiencia y tomó el mismo camino que Snyder. El defendido se convirtió en defensor.

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